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ACTOS
A
Tuvo que luchar contra el cliché y contra el piropo mascu-
lino que ocultaba sus méritos profesionales. “¿Para qué quie-
res ser escritora si tienes esos ojos?... ¿Para qué, etc., etc.?...”
Trajo Carmen Posadas la anécdota, tal vez mixtificada como
tantas cosas en torno a su figura, del gigante catalán Josep Pla,
el mejor escritor español del siglo XX sin discusión posible
(esto es Nota del Autor, no nada dicho por Posadas o por el
crítico Belmonte), de una vez que supuestamente le dijo a una
chica “para qué quieres ser escritora si tienes esas piernas”.
De nuevo, el piropo terrorista. Mejor es la anécdota, sobre
todo porque es absolutamente auténtica, del sobrevalorado
Bukowski en un circunspecto programa de letras de la tele
francesa, dirigiéndose a Catherine Paysan: “levántate la falda
y te diré si eres o no buena escritora”. Así estaba más o menos
también el panorama en las fiestas de la alta sociedad española
de los años ochenta y noventa.
Dijo Posadas, no obstante, algo más que problemático de
demostrar. Que para ser escritor de verdad hacían falta dos
cosas: tener una gran curiosidad y leer mucho. Sin embargo, la
historia de la gran literatura está llena de creadores sin gran cu-
riosidad (o sin ninguna curiosidad) y sobre todo que no leen
nada. Un ejemplo cercano, por no irnos lejos, ya que está muy
de moda ahora y sus libros se venden muy bien, podría ser el
siempre actual y oportuno Julio Camba. Camba ha sido un
descubrimiento, y hay que decir que un gran descubrimien-
to, que les servirá para todo, para los jóvenes lectores de hoy,
tras haber estado completamente olvidado para las editoriales
durante setenta u ochenta años. Mucho antes incluso de su
muerte física. Solamente un puñado de fieles manteníamos la
llama. Pues resulta que Camba solo estaba realmente interesa-
do en comer, y no leía porque decía que le estropeaba el estilo.
No sé si en los guateques de la alta sociedad saben quién es
Camba, claro.
—Se me ha acusado de estar en todas las fiestas sociales —
se defendió Posadas. —¿Y qué, no se puede estar en todas las
fiestas sociales y además escribir bien? ¿Y qué hubiese sido en-
tonces de, por ejemplo, Truman Capote, que no se perdía una?
“SE ME HA ACUSADO DE ESTAR EN TODAS
LAS FIESTAS SOCIALES ¿Y QUÉ, NO SE
PUEDE ESTAR EN TODAS LAS FIESTAS
SOCIALES Y ADEMÁS ESCRIBIR BIEN? ¿Y
QUÉ HUBIESE SIDO ENTONCES DE, POR
EJEMPLO, TRUMAN CAPOTE, QUE NO SE
PERDÍA UNA?”