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Antes del inicio de la charla/coloquio dieron la bienveni-
da a la escritora el experto en protocolo Ricardo de Prado y
uno de los hombres más poderosos de España, Tomás Fuer-
tes, quien alabó las virtudes de la Región de Murcia, “peque-
ña pero muy bien situada”, para llegar a ser “la California de
Europa”. No es, desde luego, la primera vez que se compara
a la Región con exactamente California. Recuerdo que hace
cuarenta años ya se decía que Murcia iba a ser la California de
Europa. Es de esperar que dentro de otros cuarenta estemos
hablando al fin en presente, y no como aquello que aún se dice
irónicamente de Brasil, que es “un país que tiene y siempre
tendrá un gran futuro”. “Nos falta que llegue el AVE, el Co-
rredor Mediterráneo de mercancías, que se ponga en marcha
el aeropuerto…”, añadió Fuertes. Nos falta, en fin, California.
Eso sí, tenemos más edificios públicos que en Suecia. Tenien-
do todas esas cosas en la Región, según Tomás Fuertes, “ya no
tendremos necesidad de ir a Madrid, a París o a Londres”.
Carmen Posadas no es desde luego la primera escritora
española famosa. Pero cuando empezó a publicar libros en
España hubo una especie de escándalo social, un asombro ge-
neralizado. Sin xenofobia hacia sus rasgos aindiados -porque
según Posadas, España es el país menos xenófobo dado que los
matrimonios entre diversas razas estuvieron permitidos cua-
tro siglos y medio antes que en Estados Unidos-, pero sí con
paternalismo hacia su feminidad. Ella era la esposa de Maria-
no Rubio, el gobernador del Banco de España en la época del
presidente del Gobierno Felipe González. Se hablaba de ella
como “mujer de”: era guapa, estilosa, alta, distinguida, de ma-
neras suavísimas, y parecía que su sitio natural eran las revistas
del corazón, donde su labor debía constreñirse a enseñar su
casa para sesiones de fotos y donde, como diría el actor Spen-
cer Tracy sobre la labor interpretativa, “lo único que hay que
hacer es salir y procurar no tropezar con los muebles”. Lo que
mucha gente no entendió no es ya que escribiera, que tam-
bién, sino que sus libros fueran hasta buenos.
—Me decían: “con esa carita que tienes para qué quieres
escribir” —recordó Posadas durante su intervención en el
Real Casino.
“Cuando llegué a España los hombres, queriendo hacer un
piropo, muchas veces me ridiculizaban”, añadió. Es lo que lla-
ma “el piropo terrorista”, una suerte de caramelo envenenado
que en vez de ensalzarte te denigra profesionalmente. Ahora
la cosa ha cambiado un poco. Ya es reconocida sencillamen-
te como escritora, como genuina artista, más allá de mujer,
y mujer guapa. Incluso más allá de mujer guapa que escribe
novelas que se venden, que es uno de los peores títulos con
que pueden etiquetar a una artista.
—En 2016, Carmen, se cumplieron 20 años de tu prime-
ra novela, “Cinco moscas azules”- recordó el crítico José Bel-
monte, que siempre creyó en ella.
En ‘Cinco moscas azules’ Posadas retrató a muchos perso-
najes españoles de la alta burguesía y aristocracia. Aquel
ma-
drileñeo
del que han hablado muchos. Los que habían sido de
la
beautiful people
, ya muy decadente por entonces. “Nunca se
dieron por aludidos. Algunos me felicitaban por la perspica-
cia y profundidad psicológica en retratar a personajes reales,
pero no caían en que eran ellos, siempre creían que hablaba
de otro”.
La escritora, destacó el crítico Belmonte, fue uno de los
mejores premios Planeta de la historia, con el libro ‘Pequeñas
infamias’. “Es autora, además, de varios libros de la literatura
más difícil que existe, la infantil y juvenil. Es de las escritoras
en lengua española que tienen más calidad”, destacó. Sus li-
bros, inicialmente editados en castellano, fueron traducidos a
varios idiomas. Ahí llegó la consagración. “Los críticos extran-
jeros, como los anglosajones, que suelen ser muy duros en sus
apreciaciones literarias, quedaron agradablemente sorprendi-
dos con los libros traducidos de Carmen Posadas”, subrayó el
catedrático de Literatura de la UMU.
—¿Te sientes ya integrada en la comunidad española? —
preguntó Belmonte.
—Al principio me costó. Nadie me tomaba en serio. Ha-
bía como un cliché.
POSADAS RETRATÓ A MUCHOS
PERSONAJES ESPAÑOLES DE LA ALTA
BURGUESÍA Y ARISTOCRACIA, “NUNCA
SE DIERON POR ALUDIDOS. ALGUNOS
ME FELICITABAN POR LA PERSPICACIA Y
PROFUNDIDAD PSICOLÓGICA EN RETRATAR
A PERSONAJES REALES, PERO NO CAÍAN
EN QUE ERAN ELLOS, SIEMPRE CREÍAN QUE
HABLABA DE OTRO”