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D
entro del
c on j un t o
de
obras
adquiridas
en
1892
para la de-
coración de la recién inau-
gurada Sala de Billar, nos en-
contramos con una obra del
pintor valenciano Enrique
Blay, “Idilio en Venecia”, el
mejor ejemplo en esta colec-
ción del estilo historicista, lo
que no quiere decir “pintura
de historia”.
En un edificio, como es el
Real Casino deMurcia, ejem-
plo de eclecticismo, reu-
niendo en su decoración un
muestrario de muchos de los
estilos artísticos a lo largo de
la historia, encaja a la perfec-
ción esta muestra pictórica,
igualmente como ejemplo de los gustos de su tiempo.
Hablemos del autor, del que no hemos podido conseguir
una gran información, aparte de saberlo activo en Valencia
en el último cuarto del siglo XIX y muy bien relacionado con
el mundo cultural de esa ciudad. Fue secretario en 1881 de la
sección de pintura y artes anexas de la asociación cultural
Lo
Rat Penat
(El Murciélago) que, junto con la Academia de San
Carlos, fomentaba las artes, además de la promoción, defensa,
enseñanza y difusión de la lengua y cultura valencianas. Tam-
bién fue decorador pictórico del Gran Café de España, edificio
emblemático de la época, hoy desaparecido, ubicado junto al
ayuntamiento de Valencia, donde trabajó con otros destaca-
dos artistas, como el escultor Ignacio Pinazo. Participó con éxi-
to en algunas de las Exposiciones Regionales de Bellas Artes
de su ciudad, obteniendo menciones especiales en 1879 y 80.
La primera relación que encontramos del artista valencia-
no Enrique Blay con Murcia se remonta a noviembre de 1879,
ARS CASINO
POR LORETO LÓPEZ
Restauradora
La Pinacoteca del Casino
(VIII)
“Idilio en Venecia”
de Enrique Blay
en relación a la exposición
benéfica que se lleva a cabo
en la capital del Turia para
recaudar fondos en ayuda de
las víctimas de las riadas que
habían asolado nuestra ciu-
dad; las obras de diferentes
artistas fueron expuestas en
los comercios más céntricos
de Valencia, contando entre
ellas con una marina de Blay.
El “Idilio en Venecia” lle-
ga al
Casino
poco antes de la
llegada del grueso de obras
que habían encargado a los
pintores murcianos, por lo
que apenas es mencionada
por la prensa local, cuando
esta se hace eco de la noticia.
Pero, precisamente gracias a
la prensa, sabemos que tanto
la obra del alicantino Agras-
sot como esta ya se encon-
traban expuestas hacia un
tiempo en la flamante Sala
de Billar.
La escena muestra el cor-
tejo a una dama, de la que
apenas vemos su perfil sobre las sombras y el lánguido brazo,
de un caballero vestido a la usanza del siglo XVI. Ella aparece
tras el pretil de la balconada de gótica arquitectura, mientras
el enamorado trepa por el exterior, guardando el equilibrio con
apostura, apoyado en una de las tradicionales estacas que pue-
blan los canales venecianos.
La composición y el definido dibujo son correctos, sin gran-
des alardes, con un cuidado juego de líneas verticales y hori-
zontales, aunque todos los elementos se encuentran en un pri-
mer plano, restándole profundidad a la pintura; un trabajo más
apropiado para una ilustración que para el gran formato de la
obra. Los tonos dorados aportan calidez al conjunto.
En resumen, una escena galante y grata a la vista, muy del
gusto decorativo del momento en el que por razones obvias,
tengamos en cuenta que estamos a finales del XIX, época con-
vulsa en lo social y lo político, se prefieren temas históricos
poco comprometidos.
VOCES
V