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PALABRAS
P
U
na chica de la prensa con ojo clínico, Pilar, me
dijo una vez algo sobre los hombres calvos
que llevan coleta. “Nunca te fíes de un hom-
bre calvo con coleta, es la demostración vi-
sible de que en su vida ha llevado al extremo
las malas decisiones”. Yo he estado tentado
de ampliar esa tesis a los hombres con coleta en general, sin
necesidad de que padezcan de alopecia. Sobre todo si amplían
su efecto estético con pantalones pirata, zapatillas podridas y
bolso con una planta de marihuana pintada.
Se producen nobles excepciones a esta norma, por supues-
to. Mi colega de La Opinión y para siempre amigo Ángel Mon-
tiel llevó una espectacular coleta gris durante muchos años, a
pesar de clarear por la coronilla, y siempre me fié de él. Aun-
que hubo un alcalde deMazarrón que pensaba de otra manera
sobre Montiel, queriendo, según clamaba públicamente, “col-
garlo por la coleta en el
roalico
de una higuera y que se lo co-
man las
ovispas
(sic). De lo que no me ha quedado nunca duda
alguna es que uno no se debe fiar jamás, sin excepción alguna,
de los hombres que se pasean por la calle con mallas. Y menos
aún de los que se fotografían para la prensa vistiéndolas, con
un orgullo yo diría que demoníaco. Efectivamente, en la vida
han llevado al extremo sus malas decisiones. Como demuestra
el aspirante a liderar de nuevo el PSOE, el deportista, que rima
con turista, Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez anunció el otro día que iba a presentarse
otra vez para mandar en el PSOE y pactar abiertamente con
separatistas e incluso ex terroristas, luchando “contra el popu-
lismo” (sic) por el método de hacer un Gobierno con la buena
gente de Podemos, que es una forma cuando menos curiosa
de luchar contra el populismo. Sánchez debe pensar que el po-
pulismo es como el amor: se acaba en cuanto contraes matri-
monio con él, en este caso cuando lo metes en el Gobierno. No
hay nada que objetar contra el legítimo derecho de Sánchez
a presentarse donde quiera y “combatir el populismo” con un
Gobierno populista (se debe pensar que como es extrema iz-
quierda no es populismo, a pesar de que Podemos se declara
abierta y orgullosamente como tal). Por el contrario, hay todo
que objetar contra sus mallas.
Las mallas son el cuello alto de los bañadores “marcapa-
quete”, el “turbo” de la más absoluta carencia de gusto. Solo
tienen cierta explicación encima de una bicicleta, a condición
de no pararse ni a comprar el pan. Alguien que recibe a la pren-
sa con los brazos en jarras y empitonando el aire tras sus ma-
llas acrílicas ya anuncia un desastre para cualquiera que ponga
en sus manos la vida y la hacienda. Un escalón moral y estéti-
co por debajo de las mallas de Sánchez ya solo está el “trikini”
para hombre que llevaba el humorista británico Sacha Barón
Cohen encarnando a su personaje del bigotudo armenio “Bo-
rat”. Como hubiese dicho el político dieciochesco Fouché, las
mallas no solo son un crimen, sino peor, son un error.
Un tipo como “el guapo” (así me lo definió una señora que
no sabía a qué partido pertenecía ni qué papeleta meter en el
sobre, pero por los indicios sospeché que quería votarlo a él,
el día en que estuve de compromisario en una mesa electoral),
un tipo como “el guapo”, digo, que se pavonea ante la prensa en
prietísimas mallas, cargando evidentemente de modo ostensi-
ble para el lado izquierdo, siempre para el izquierdo, no puede
llegar a ser presidente del Gobierno de ningún país serio. Ni
presidente, ni conserje.
PEDRO SÁNCHEZ EN MALLAS
CONTRA CASI TODO
POR JOSÉ ANT. MARTÍNEZ-ABARCA
SÁNCHEZ DEBE PENSAR QUE EL POPULISMO
ES COMO EL AMOR: SE ACABA EN CUANTO
CONTRAES MATRIMONIO CON ÉL, EN ESTE
CASO CUANDO LO METES EN EL GOBIERNO
ALGUIEN QUE RECIBE A LA PRENSA CON LOS
BRAZOS EN JARRAS Y EMPITONANDO EL AIRE
TRAS SUS MALLAS ACRÍLICAS YA ANUNCIA UN
DESASTRE PARA CUALQUIERA QUE PONGA EN
SUS MANOS LA VIDA Y LA HACIENDA