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suerte de tener dos cernícalos como
vecinos.
Siempre que viajo dedicó algún día
a los pájaros de la zona, como cuando
fui a la India y estuve en la laguna artifi-
cial de Keoladeo, un inmenso humedal,
un parque natural creado por la mano
del hombre. Pero no vayamos tan lejos,
en Murcia no hay demasiada cantidad
pero sí hay una inmensa variedad de
aves, quizá equiparable con Doñana.
En el mismo entorno urbano del
Segura tenemos desde garzas reales
hasta, por desgracia, cada vez más ga-
viotas, una auténtica plaga porque son
muy violentas con otras especies que
pueda haber en la misma zona. Hay gar-
zas reales o un pequeño reducto de go-
londrinas, una pequeña colonia al final
del Malecón, que vuelan a ras de suelo,
al amanecer, porque está caliente el suelo y buscan insectos. La golondrina está muy
amenazada por ser muy sensible a los pesticidas e insecticidas. El bicho lo aguanta
pero la golondrina lo paga. La distingues porque es la más bonita. Cola hendida y
pequeño collarín rojo. Y el único pájaro que baila entre nuestros pies al amanecer
con su raudo vuelo rasante.
Nunca he llegado a ver directamente a mi pájaro favorito. Es australiano y le lla-
man pergolero (
Chlamydera Nuchalis
) porque construye en el suelo una especie de
pérgola, como un túnel que llena de adornos con trozos de cristal, chapas, piedras…
lo hace el macho pero la hembra ni siquiera pone los huevos en él. Esa admirable obra
de arquitectura ornitológica cuenta con una decoración cuidadosamente colocada
con un criterio estético, apreciable desde una determinada perspectiva, colocando
más lejos los objetos más grandes y más cerca los pequeños, de manera que para la
hembra presenten un mismo tamaño aparente desde cierto punto de observación.
La hembra no examina al macho sino al nido. No elige al macho reproductor por
su plumaje o su canto, sino que el macho se retira, deja que la hembra visite la pér-
gola. Si le gusta, entra; allí la monta y luego la hembra se va a otro sitio donde anida.
Si a la hembra no le gusta, puede marcharse o derribarle la pérgola, quedando
el macho triste contemplando no solo cómo es rechazado, sino cómo le desbarata
el nido. El pergolero tiene detrás una función meramente estética, hecha para im-
presionar. A saber si en el fondo esto encierra una lección sobre los mecanismos y la
necesidad de la estética misma aplicable al ser humano.
Me llamo PACO GIMÉNEZ GRACIA y aunque pocos lo saben soy ornitólogo”.
“S
i nuestra patria es la
adolescencia, mi pa-
tria son los montes de
Toledo y mis compa-
triotas, los pájaros.
Como supongo que le pasará a otras
personas, fue en esos años y acompaña-
do de un buen amigo con quien compar-
tí la forja de una afición que perduraría
en el tiempo. Pasábamos días de estío
en tienda de campaña sin más compa-
ñía que los pájaros y los libros. Él es-
tudió Ingeniería de Montes y se buscó
un trabajo cerca de su pueblo toledano
para no alejarse demasiado de las aves.
En mí dejó mella el equipaje con que
entreteníamos las horas en las que no
avistábamos o anillábamos ejemplares.
Cuando los chiquillos de los pueblos
de alrededor veían rapaces heridas nos
las traían para recuperarlas. Le hacía-
mos la curas a las aves porque tampoco
había centros de recuperación como los
actuales. Aprendíamos a entablillar alas
o reponer plumas que habían perdido
con otras que recogíamos del campo
gracias a un libro de Félix Rodríguez de
la Fuente.
Llegamos incluso a practicar ce-
trería, con nuestra licencia pertinente,
todo un arte en el que sujetas al ave de
manera firme en las patas y suave por
el cuerpo y en el que nos introdujimos
criando cernícalos (o
mochías
, como las
llaman en Toledo) y alcaudones rea-
les que se caían del nido. Hoy tengo la
LA CARA B
POR ANTONIO RENTERO
@antoniorentero
“Las golondrinas del
Malecón bailan entre
tus pies al amanecer”
“En el mismo entorno urbano
del Segura tenemos desde
garzas reales hasta, por
desgracia, cada vez más
gaviotas, una auténtica plaga
porque son muy violentas con
otras especies”
VOCES
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