Página 21 - RCMAGAZINE12

Versión de HTML Básico

21
O
pinión
para que no te delataran los vecinos de que
uno pretendía enterarse de lo que pasaba
realmente en su barrio. Al menos en la dic-
tadura china sólo se purga Google a
través de unos comisarios políticos
internáuticos y se autorizan según
qué contenidos, pero no se los larga
en bloque del país.
La medida del Gobierno español
se hizo para beneficiar presunta-
mente a los grandes medios nacio-
nales como elpaís.es o elmundo.
es, pero el mismo día que google
anunciaba su huida de España el-
mundo.es publicaba un editorial alarmante
recordando que en Alemania se hizo algo
casi tan estúpido como esto y en pocos
días las visitas a los medios alemanes des-
cendieron un 80%. Los beneficiados mu-
cho beneficio no deben de ver en que se
vaya google. Esto de hacer leyes es como
lo de mandar jamones: que uno tiene que
pedir por favor que no manden más, que
ya no se puede aguantar de tantos favores.
En Alemania los medios tuvieron que ha-
cer una romería para implorar de rodillas a
google que aceptara de nuevo sus
contenidos gratis para expandirlos
por el universo. Aquí el universo es
esa cosa que no nos concierne,
y el Gobierno ha vuelto a elevar
esos blancos muros de España
de García Lorca en internet, tras
los cuales están los contenidos de
pago que pocos van a pagar. Si la
información de calidad es de pago
obligatorio, la gente puede descu-
brir un día que puede pasar sin información
contrastada y culturizarse sólo con lo que
dicen los trolls en las redes sociales.
N
o es que nos haya venido ya el furor primaveral del “quíta-
telo, quítaselo” (me refiero a los kilos), ese furor pernicioso
que hace irremediables estragos en nuestro organismo
cuando intentamos de manera desordenada y por nuestra cuenta
despojarnos en sólo unos días de los pocos o los muchos depó-
sitos de grasa que hemos acumulado a lo largo de los meses de
invierno. No, no se trata de ese furor, sin embargo sí que nos ha
entrado un poco la fiebre adelgazan-
te, tal vez, como consecuencia de
ese estúpido sentimiento de culpabi-
lidad que llevamos incorporado en la
médula por todo aquello que, en un
momento determinado, nos ha producido placer.
Dos preposiciones dividen al mundo: por, y, sin, es decir, medio
mundo pasa hambre por necesidad y el otro medio sin necesidad
o lo que es lo mismo por necedad. Mi amiga Amparini, anda toda
la vida, la pobre, con el temido efecto acordeón:
adelgaza, engorda, adelgaza, engorda, y todo
porque realmente nunca ha tenido una moti-
vación clara que le haga perder esos kilos
que ella considera que le sobran. Sí, ya
sé que a quien tenemos que gustarnos
es a nosotros mismos y que sólo así
conseguiremos gustar a los demás,
pero es que la sociedad actual marca
unas pautas y unas modas que son la
leche y que nos obliga a gustarnos sólo
con un determinado etiquetaje y no deja
margen alguno para que podamos sen-
tirnos bien en nuestra piel si no estamos
dentro de ese baremo.
Y, claro, en esta dicotomía en que nos
movemos, tenemos por la otra banda que todo, absolutamente todo
nos empuja, nos obliga a tomar, a comer, a consumir, sobre todo,
en determinadas fechas como en Navidad, por ejemplo, que más
parece la fiesta del estómago que la del corazón. Pues eso, de-
cía, que hace justo un año, recién salidos de esos días, mi amiga,
desolada, con la moral por los suelos por su falta de voluntad a
resistirse a las dulces tentaciones miró entristecida a su marido y
le dijo: “Ya sé por qué están las re-
bajas justo después de navidades:
para que puedas vestirte y salir a la
calle sin que eso te cueste un ojo...
porque no me viene nada, vamos,
absolutamente nada, hasta las bragas me aprietan”. Su chico, que
la adoraba y que en esos kilos no veía más que unos centímetros
más para amar y besar, le dijo: “Cariño, no me importa que te aprie-
ten las bragas, ni me importaría que te quedases en casa porque
no tuvieses nada que ponerte, ni tampoco que destrozases
nuestro presupuesto comprándote ropa, ¿cuándo
te vas a enterar de que te quiero como estés?
Ella cometió el error de creérselo y digo
error porque a partir de ahí sucumbió a
ciertas apetencias hasta meterse en
veinte kilos más en cuestión de meses.
Su chico..., no diré que dejó de que-
rerla sino que debe echarla de menos
porque se largó con una anoréxica con
kilos y años de menos. Mi amiga sigue
sin tener una motivación propia para
adelgazar pero ha aprendido a quererse y
estaba bastante feliz con su físico hasta que
su actual chico le dijo hace unos días: “Cari-
ño, no me importa que te aprieten las bragas”.
SENTIRNOS BIEN EN NUESTRA PIEL
CICUTA CON ALMÍBAR
Ana María Tomás
“Medio mundo pasa hambre por nece
-
sidad y el otro medio sin necesidad o lo
que es lo mismo por necedad”