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N
oticias
Los neoyorkinos,
“fans de los desconocidos”
DOS SOCIOS DEL REAL CASINO EN EL MARATÓN DE NUEVA YORK
E
ste año 2014 el Premio Príncipe de
Asturias de los Deportes recayó en
el célebre encuentro atlético anual
del Maratón de Nueva York. No es el más
populoso de cuantos que se celebran en el
mundo, siendo superado por el de Londres.
Pero sí, de largo, es el más legendario en-
tre participantes aficionados a esta moda-
lidad. El maratón de Nueva York nació en
una época en que la propia ciudad empe-
zaba a ser el escenario urbano más filmado
del mundo, y el estilo de vida neoyorkino
pasaba a trascender fronteras, pese a que
su ayuntamiento sufrió una gran crisis eco-
nómica en esa década (la del inolvidable
“blackout” o gran apagón que hundió en la
oscuridad a Manhattan durante una noche
de inseguridad callejera). La visible deca-
dencia de Nueva York coincidió, paradóji-
camente, con su explosión en el imaginario
popular mundial. Y concretamente la moda
de la prueba maratoniana en sus calles
llegó incluso a “thrillers” como “Marathon
man”, donde el personaje interpre-
tado por el actor Dustin Hoffman
se hizo un icono popular huyendo
o buscando a sus enemigos mien-
tras corría incansable por Nueva
York con el torso desnudo.
En la edición de este año del Maratón de
la llamada “capital del mundo” han partici-
pado (“han sido parte de ello”, como dice el
lema de esta carrera), dos arrojados socios
del Real Casino de Murcia, Antonio Rentero
y la diseñadora Ana Peyres, la cual arras-
traba secuelas de un accidente automovi-
lístico. “A los 45 años, me he dado cuenta
de que si quiero, puedo”, señala Peyres.
Hubo 50.000 participantes.
Es la prueba de distancia más exigente
del mundo, por su orografía complicada he-
cha de subidas y bajadas en los que son
continuos los cambios de ritmo y pisada.
Ambos quedaron fascinados por la mul-
titud de carteles alentadores que les reci-
bieron: “querido desconocido, hoy durante
treinta segundos tienes en mí al mayor de
tus fans”; “tu estás corriendo un maratón,
yo no podría. Por eso vengo a animarte”.
“Hoy eres mi inspiración”. Tampoco faltaron
las leyendas de fino humor neoyorkino que
pudieron leer al pasar: “¿de qué huís todos
esos chicos tan guapos?”; “a unos metros
hay una funeraria, sonríe”.
Por la gran extensión de la prueba, atra-
vesaron buena parte de los grandes barrios
neoyorkinos. “La gente repite tu nombre, te
choca la mano, te ofrecen comida y bebida”,
se asombran, todavía hoy, los socios del
Casino murciano Rentero y Peyres. Existe
una poderosa sinergia entre el público y los
corredores, que se sienten impelidos hacia
delante como si les empujara un soplo in-
decible. “Sin esa animación, los kilómetros”,
dice Rentero, “hubiesen pesado mucho”. De
hecho, este socio del Real Casino tuvo difi-
cultades en el músculo cuádriceps cuando
aún faltaban 25 kilómetros para terminar la
prueba, que en otras condiciones hubie-
sen aconsejado retirarse. Aún así, lo logró,
gracias a la inquebrantable voluntad, a la
belleza del espectáculo y al viento anímico
esparcido por el público, tres millones de
personas en la calle enviándoles sus pa-
rabienes. Los participantes llevan
colgada su medalla tras la carre-
ra, durante varios días, y la gente
los para por la calle. ”Sabes que lo
que llevas a cuestas es algo gran-
de”, dice Rentero. Refiere un éxtasis final:
antes de acabar, unos 800 metros antes,
hay una pequeña “tirada” de lo que él llamó
“recorrido zen”. El corredor pasa por Central
Park y sólo hay jardín, no te anima el pú-
blico, te envuelve un relativo silencio, y ahí
se reflexiona sobre el por qué de participar
en maratones. De qué estamos hablando
cuando se habla de correr...
“En la edición de este año han participado
dos arrojados socios del Real Casino de
Murcia, Antonio Rentero y Ana Peyres”